viernes, 5 de octubre de 2007

Sin Escandalizarnos


La mente es nuestra aliada. Es nuestra amiga, nuestra confidente, nuestra cómplice. Si conseguimos llegar a un acuerdo con ella, la convivencia puede ser perfecta. Mucho más ámplia, intensa, enriquecedora y satisfactoria que cualquier otra relación que llegáramos a imaginar.

Y cómo se puede llegar a obtenerla?

Perdiendo el miedo, abandonando nuestros temores más arraigados, renunciando a nuestros más absurdos prejuicios. Convirtiéndonos, en fin, en dueños de nuestra razón, de nuestros pensamientos, de nuestra voluntad espiritual y mental.

Se trata de un proceso mucho más sencillo de lo que parece. Comparable quizás al vencer a ese miedo a la primera vez de cualquier intención que nos resulta desconocida.
Y la realidad es que de la misma manera, se pierde ese miedo (que es timidez auténtica) al cruzar esa invisible frontera ante la que siempre hemos sucumbido, y darnos cuenta de que, finalmente, nada malo nos ha ocurrido.

Es en ese mismo instante cuando nos convertimos en mentes libres, almas liberadas a nuestros más intensos deseos. Y entonces, nos hallamos preparados para vivir y experimentar las fantasías más atrevidas, soñadas e increíblemente satisfactorias que jamás hayamos imaginado.

Y, desde luego, y en absoluto, sin escandalizarnos.


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